14 nov. 2009

Una melómana perdida y K.D. Lang

No sé si sentirás esa atracción fatal por la música que define a los melómanos. Ni sé si alguna vez habrás experimentado el cúmulo de sensaciones que se suceden cuando escuchas determinada música en el momento y lugar adecuados. Clásica, jazz, rock...da igual. Tampoco sé si al escuchar una de esas voces especiales por la singulalridad y fuerza de su sonido habrás sentido como si se produjese una simbiosis afectiva, una empatía total y absoluta entre el intérprete y el receptor de ese regalo que es cantar con el corazón y el alma al descubierto.
Sólo sé que me he emocionado escuchando el piano del concierto nº 1 de Tchaikovsky, la primera vez una mañana de otoño de hace mil años, o cantando hasta desgañitarme el Canto a la Alegría, o cuando las cuerdas del violín hacían vibrar esa fibra interior que esperaba a ser pulsada con el concierto de Mendelssohn, o reivindicando y reivindicándome con el Ojalá entre una multitud en un concierto de Silvio Rodríguez arropada por los sones envolventes de la percusión, o escuchando la voz acariciadora, a veces un poco rota, de Billy Holliday, o la trompeta de Miles Davis...
Me encontré con K.D.Lang hace ya algún tiempo de forma casual buscando el Hallelujah de Leonard Cohen. Su interpretación de este tema me dejó la huella de su fuerza, de su corazón, de su darlo todo en ese pequeño instante que es la duración de una canción. Desde entonces he escuchado su música con regularidad y siempre se produce esta misma constante: un sentir inmenso. Y aunque no seas tan melomaníac@ como yo, seguro que al escucharla sabrás de lo que hablo. En el momento adecuado, eso sí.

Hallelujah

Fever

Craying

1 comentario:

jesus dijo...

Hoy no comento. Intento aprender.