8 jul. 2009

El país de las maravillas



Empecé a sentir curiosidad por Michael Winterbottom a raíz de ver Génova. En contra de algunas opiniones , no me disgustó la manera un tanto desprovista de sentimentalismo con que trató el tema de la pérdida de alguien querido y el intento de comenzar de nuevo envolviéndolo todo con un ambiente ajeno y extraño. A veces la soledad y el vacío es más ostensible precisamente por la parquedad de las manifestaciones de dolor ante la pérdida, por ese parecer anonadado, por el vagar sin sentido intentando asumir lo que parece inasumible.
Después vi El perdón, un western bastante atípico que me confirmó lo que ya había intuído, que M. Winterbotton era un director diferente con una sensibiidad especial para un tema recurrente en sus películas: la soledad en multitud de formas.
Y hoy he visto Wonderland y me ha encantado; una película sencilla y compleja a la vez que trata, como no, de la impotencia y desconsuelo que produce esa soledad cuando además estás rodeado de personas con las que no se es capaz de entablar una relación medianamente satisfactoria. Es esa búsqueda del otro, de los otros, lo que da algo de sentido a la vida. También tiene otra particularidad: la visión que da de esa otra sociedad inglesa, más oscura, sin el encanto fácil, pero mucho más creíble y sincera. Porque efectivamente no estamos en el país de las maravillas. ¿O sí? Porque hay esperanza. Para casi todos.

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